martes, junio 06, 2006

humo...

A mi me gustan los Marlboro rojos en caja suave (sobre estos estan los cigarrillos cubanos "Romeo y Julieta"), el cigarro que mas disfruto es por la noche cuando ya todo acabo, si pudiera seguro que todas las noches me desvelaria y fumaria como "chacuaco" mientras leo, escucho musica o simplemente divago. En las reuniones con mis amigos llego a fumarme una cajetilla, son reuniones de nueve a tres, cuatro o cinco de la mañana, nos falta noche y la platica nunca termina, unas veces mas interesante que otras, unas verdaderamente historicas, hablamos de musica, libros, peliculas y mujeres, la cerveza que mas nos gusta es la INDIO, casi nunca compramos alcohol en otra presentacion a solo que haya amigas y pues casi siempre tomamos cerveza. A que sabe el cigarro?, por que fumo?, son preguntas que los incisivos No Fumadores me hacen a menudo, de esos intolerantes cada vez hay mas, personajes salidos de una novela de Carlos Cuauhtemoc Sanchez, un guion digno de Stephen king. El que no fuma hace bien, pero si no fuma y aparte se cree paladin de la buena salud esgrimiendo argumentos patriarcales contra los fumadores, es odioso y si adjunto no bebe alcohol, empiezo a sospechar que posee un odio a la vida y los vivos, tanto que apostaria que su alacena esta llena de productos "genoma lab", por que paradojicamente odia la vida pero teme morir.

Me gusta el humo (el propio) y me gusta fumar al aire libre (hablando de paradojas), salgo a la calle, tomo la cajetilla de la bolsa de mi camisa (a esa hora ya desfajada) y enciendo un cigarro, casi siempre con un encendedor barato de esos transparentes y de colores, la primera bocanada es una delicia y me pone de lleno en mis pensamientos, pienso y veo, la calle para un arquitecto es como el paisaje para un pintor (impresionista) o el archivo municipal para una historiadora, una bola de dementes para un psiquiatra, el campo para un agronomo. Pero no solo veo las edificaciones, veo los huecos de por esas edificaciones, como se ve el cielo, el poste de la esquina, la farola, la gente, el cigarro todo lo ilumina y le da matiz, no lo veo todo color de rosa, traigo un cigarro no un paleta, cuando digo ilumina no lo digo en el sentido de los enamorados, me refiero a que lo negro se ve negro y lo blanco, pues.. todo toma su color, el mal conviviendo con el bien, y entonces pienso que la vida me fuma a mi y cual humo mi vida se desvanecera.

1 comentario:

Vala Sailhin dijo...

bienaventurado el humo que no sólo tranquiliza sino que difumina...podríamos argumentar el efecto químico al cuerpo producido por la nicotina o, simplemente, el placer de percibir contaminado el ambiente contaminado...Pues, como casi siempre, apoyo la idea: será porque soy un tanto fumadora como tú...y sé, porque lo sé, el placer de encender un cigarro e inhalar-exhalar el ánimo...el humo extrae el sentimiento del momento... Por decirlo sólo de alguna forma...

Saludos Arquitecto...
(no te desaparezcas, al menos no lo suficiente...)

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